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HIROSHIMA Y NAGASAKI, 70 AÑOS DE EFECTOS SECUNDARIOS
| Imagen tomada el 8 de septiembre de 1945 de lo que quedaba de Hiroshima. / AP PHOTO/U.S. AIR FORCE |
44,4 segundos tardó Little Boy en hacer explosión
desde que salió de la panza del B-29 Enola Gay. En 30 minutos, el hongo
radiactivo sobre Hiroshima empezaba
a deshacerse. Pero sus efectos secundarios persisten 70 años después. Miles de
supervivientes son atendidos cada año por enfermedades relacionadas con las dos
bombas atómicas que EEUU usó contra Japón. Incluso, a medida que envejecen, los
conocidos para siempre como hibakusha (los bombardeados, en japonés)
desarrollan nuevas enfermedades relacionadas con lo que vivieron aquel agosto
de 1945.
En Hiroshima murieron al menos 80.000 personas el día de la
detonación. En Nagasaki, aunque la segunda bomba, Fat Boy, era más potente
que la primera, las muertes rondaron las 40.000. El desvío del artefacto de
plutonio y la topografía de la ciudad minimizaron las bajas. Como habían
previsto los científicos y los militares, la mayoría de las víctimas iniciales
sucumbieron a la onda expansiva, la energía térmica generada y la radiación
ionizante inicial. Muchos miles más murieron en los días, semanas y meses
posteriores. En total, unas 214.000 personas murieron por el efecto directo de
las bombas. Pero, lo que pocos esperaban es que su impacto duraría no unos años
sino décadas enteras.
"Los científicos que crearon la bomba sabían sin duda
de los efectos perjudiciales de la radiación y que la provocarían con
ella", dice el profesor del Instituto de Tecnología Stevens (EEUU), Alex
Wellerstein. "Pero, lo que no esperaban es que murieran tantos
japoneses por la radiación, ya que pensaban que todo aquel lo suficientemente
cerca de la zona cero de la bomba como para recibir una dosis fatal de
radiación moriría antes por el efecto del fuego y la onda expansiva. Sin
embargo, la realidad no siempre coincide con los modelos teóricos y entre el
15% y el 20% de las muertes se debieron a los efectos de la radiación",
añade este experto que prepara un libro sobre la historia nuclear secreta de
EEUU.
Los políticos, militares y científicos de la administración
Truman que trabajaron en la bomba querían que fuera definitiva, que empujara a
Japón a una rendición incondicional. Tras el ensayo exitoso deTrinity, la
primera bomba nuclear, en el desierto Jornada del Muerto (Nuevo México) unos
días antes, estaban convencidos de la devastación que provocarían Little
Boy y Fat Man.
De los varios objetivos propuestos,
hubo algunos en aquel grupo que querían tirar la bomba en la bahía de Tokio.
Una explosión de tal envergadura frente al palacio imperial y las ventanas del
Gobierno nipón les obligaría firmar la capitulación y las víctimas habrían sido
casi testimoniales. Sin embargo, ganó el ala dura. Si querían impresionar a los
generales japoneses y, de paso, al mundo entero, con el poder de EEUU en forma
de bomba, había que tirarla en una ciudad para que la destrucción y la
mortandad sirvieran de ejemplo. De forma algo macabra, Hiroshima y Nagasaki
formaron parte de una lista de ciudades objetivo que no había que bombardear
con armamento convencional o bombas incendiarias. Querían reservarlas intactas
para la bomba atómica.
Walter Oppenheimer, John von Neumann, Enrico Fermi y otros
científicos que participaron en la creación de la bomba tenían claros los
efectos de la radiación. De hecho, Oppenheimer preparó un documento con
instrucciones a seguir por los que lanzaran la bomba para evitar que les
alcanzara. Lo que no tenían tan claro es que sus efectos perdurarían durante
tanto tiempo. Es la paradoja cruel de Hiroshima y Nagasaki, como dice el
profesor de la Universidad de Manchester, Richard Wakeford, "lo
cierto es que los estudios con los supervivientes de la bomba atómica han
permitido conocer mucho mejor los efectos de la exposición a la
radiación".
Wakeford, junto a varios colegas de la Universidad de
Hiroshima y la Universidad Médica de Fukushima, han estudiado los efectos a
largo plazo de la radiación. La lectura de sus resultados, publicados
recientemente por la revista médica The Lancet, impresiona. El estudio sistemático de los
hibakusha comenzó en 1950, cinco años después de que fueran detonadas las
bombas. El primer estudio (LSS)
incluyó a 94.000 supervivientes que se encontraban en un radio de 10 kilómetros
de la zona cero de Hiroshima aquel 8 de agosto. Tras ampliar el radio y sumar
las víctimas de Nagasaki, la cifra fue aumentando.
Según cifras oficiales, en 2014, había 197.159 hibakusha
vivos. La cifra no incluye a los hijos de supervivientes concebidos después de
la bomba pero sí a unos 5.000 que aún estaban en el vientre de su madre cuando
estallaron Little Boy y Fat Man. Otros muchos murieron antes de
nacer. De los que nacieron vivos, una buena parte presentaban cuadros que eran
nuevos para la ciencia médica: aberraciones cromosómicas, electroforesis
(separación por campo eléctrico) de las proteínas o polimorfismos en el ADN.
| El hongo radiactiivo empezó a disiparse 30 minutos después de la explosión /US NATIONAL ARCHIVES / HANDOUT (EFE) |
Solo tres años después de las
bombas, el número de casos de leucemia entre los hibakusha ya era superior al
de las poblaciones no expuestas y el aumento del riesgo relativo (comparado con
grupos de control) tendría su pico a los siete años. Los que eran niños en
1945, presentaron los mayores índices de leucemia de todos los supervivientes.
En cuanto a los distintos tipos de cáncer sólido (sarcomas, carcinomas y
linfomas, por ejemplo), el aumento de la incidencia se detectó a los 10 años.
El riesgo de sufrir un tumor se mostró además muy relacionado con la dosis de
radiación recibida.
La edad es un factor que interviene en la carcinogénesis,
así que el cáncer se fue manifestando con mayor fuerza a medida que los
supervivientes envejecían. Hoy, la media de edad de los hibakusha es de 80
años. Según la Cruz Roja Japonesa, de las muertes de supervivientes registradas
en el hospital de Hiroshima desde marzo de 2014, casi dos tercios fueron por
tumores malignos, destacando el cáncer de pulmón, estómago y leucemia.
El estudio preparado para The Lancet también
repasa otras enfermedades no relacionadas con el cáncer. Aquellos que
recibieron altas dosis de radiación presentaron y presentan una mayor
incidencia de daños en tejidos, problemas de riñón, infartos cerebrales,
alteración del sistema inmunológico o ataques cardíacos. Lo intrigante es que
esta mayor incidencia de estas patologías no aparece hasta después de 1980,
cuarenta años después de las bombas.
Incluso hoy, aparecen nuevas
enfermedades relacionados con la radiación. Un informe de la Cruz Roja destaca
cómo entre los más de 6.000 hibakusha tratados en los hospitales de Hiroshima y
Nagasaki en lo que va de año, están apareciendo problemas circulatorios. El
doctor Masao Tomonaga, también un hibakusha, experto en los efectos de la
radiación sostiene: "Hasta ahora, creíamos que no había conexión entre la
exposición a la radiación y las enfermedades circulatorias. Sin embargo, a
medida que los supervivientes envejecen, muchos de ellos sufren de ataques
cardíacos y anginas".
Y no solo les envenenaron el cuerpo, también el alma. Los
sucesivos seguimientos de los supervivientes muestran la alta incidencia de
ansiedad o estrés postraumático. En los primeros años, además, eran unos
apestados. Muchos de ellos sufrieron discriminación a la hora de encontrar trabajo
o casarse. Aún hoy, 70 años después, muchos hibakusha no se han recuperado de
la pérdida no solo de su familia o amigos, sino de toda su comunidad en apenas
unos segundos.
¿QUIEREN PROVOCAR OTRA DEPRESIÓN?
En los primeros momentos de la actual crisis económica,
solía incluir en mis discursos una línea que a veces provocaba aplausos,
generalmente risas y que siempre daba a los oyentes motivos para el optimismo.
Decía que vista la experiencia de Europa y Estados Unidos en la década de 1930,
hoy las autoridades no cometerían los mismos errores que sus predecesores
durante la Gran Depresión. Esta vez cometerían errores diferentes y (ojalá) no
tantos como entonces.
Por desgracia, mi predicción resultó errada. Los funcionarios
de la eurozona no sólo insistieron en repetir las torpezas de los años treinta,
sino que parecen decididos a hacerlo en forma más brutal, más exagerada y más
amplia. Eso no me lo esperaba.
Cuando en 2010 estalló la crisis de deuda griega, me pareció
que las lecciones de la historia eran tan obvias que la solución se hallaría
fácilmente. La lógica estaba clara. Si Grecia no fuera miembro de la eurozona,
su mejor opción habría sido entrar en suspensión de pagos, reestructurar la
deuda y depreciar su moneda. Pero como la Unión Europea no quería que Grecia
abandonara el euro (hubiera sido un gran retroceso para el proyecto político
europeo) se le ofrecería ayuda, apoyo, quita de deuda y asistencia con los
pagos en cantidad suficiente para compensar cualquier ventaja que pudiera
obtener saliendo de la unión monetaria.
En cambio, los acreedores de Grecia optaron por apretarles
las tuercas. Por eso es probable que hoy Grecia esté en una situación mucho
peor que si hubiera abandonado el euro en 2010. El caso griego sirve de
contrapartida al de Islandia, que en 2008 se sumergió en una crisis financiera.
Mientras Grecia sigue empantanada en la depresión, Islandia (que no está en la
eurozona) está básicamente recuperada.
Claro que, como señaló en 2007 el economista estadounidense
Barry Eichengreen, hay motivos técnicos por los que salir de la eurozona es
difícil, costoso y arriesgado. Pero eso es una sola cara de la moneda.
Usando Islandia como comparación, el costo que supone a
Grecia no salir de la eurozona es equivalente al 75% del PIB de un año (y en
ascenso). Se me hace difícil creer que si Grecia hubiera abandonado el euro en
2010, el efecto económico hubiera llegado siquiera a la cuarta parte de eso.
Además, me parece igualmente improbable que el impacto inmediato de salir de la
eurozona hoy sea mayor que el coste a largo plazo de quedarse, dada la
insistencia de los acreedores de Grecia en la austeridad.
Esa insistencia es reflejo del apego de los funcionarios de
la UE (especialmente en Alemania) a un marco conceptual que los llevó una y
otra vez a subestimar la gravedad de la situación y recomendar políticas que
empeoraron las cosas.
En mayo de 2010, el PIB de Grecia registró una caída
interanual del 4%. La UE y el Banco Central Europeo predijeron que el primer
programa de rescate reduciría el PIB griego otro 3% por debajo de los niveles
de 2010, antes de que la economía comenzara a recuperarse en 2012.
Pero en marzo de 2012 se impuso otra realidad. El PIB iba
camino de ser un 12% inferior a 2010, y se implementó un segundo programa. A
fin de año, había caído un 17% por debajo de 2010. Hoy está un 25% por debajo
del nivel de 2009. Y aunque algunos predicen una recuperación en 2016, no veo
que haya ningún análisis de la demanda potencial que justifique ese escenario.
La principal razón por la que las proyecciones erraron tanto
es que sus autores subestimaron una y otra vez el impacto del gasto público en
la economía, especialmente en una situación de tipos de interés cercanos a
cero. Y la evidente incapacidad de las medidas de austeridad para reiniciar la
economía en Grecia o el resto de la eurozona no bastó para que las autoridades
repensaran la estrategia.
En cambio, parece que están redoblando la apuesta, con la
teoría de que cuanto más profunda la crisis, más impulso habrá para las
reformas estructurales. La idea es que estas son necesarias para fortalecer el
crecimiento a largo plazo, y que sieste tarda en aparecer, es porque las
reformas eran aún más necesarias de lo que se pensaba.
Lamentablemente, es la misma historia de la década de 1930.
Como señala el comentarista estadounidense Matthew Yglesias, aunque en aquel
momento los principales partidos europeos de centroizquierda se dieron cuenta
de que las medidas aplicadas no funcionaban, no propusieron alternativas. “Se
dejó a otros partidos con peores intenciones (Hitler, por ejemplo) entrar en
escena y decir que si las reglas del juego llevaban a largos períodos de
desempleo masivo, entonces había que cambiarlas”.
Hoy, añade Yglesias, los políticos europeos de
centroizquierda “no tienen ni una estrategia para cambiar las reglas de juego
ni agallas para patear el tablero”. Por ello impera la austeridad, y las voces
discordantes son las de populistas como Marine Le Pen en Francia o Beppe Grillo
en Italia, cuyas propuestas económicas prometen ser aún más ineficaces.
Yo creía que seríamos capaces de aprender del pasado, y que
la Gran Depresión fue suficientemente importante en la historia europea para
que las autoridades no repitieran los mismos errores. Y sin embargo, por ahora
es precisamente lo que parece estar ocurriendo.
J. Bradford DeLong es profesor de Economía en la
Universidad de California en Berkeley e investigador asociado en la Oficina
Nacional de Investigaciones Económicas de los Estados Unidos.
© Project Syndicate, 2015.
Traducción de Esteban Flamini.
BERLÍN ACOGE LOS JUEGOS JUDÍOS 70 AÑOS DESPUÉS DEL HOLOCAUSTO
| Adolf Hitler, en el estadio olímpico de Berlín en 1936. / AP |
En una rara jugada de la historia, Berlín, la ciudad donde
el 1 de agosto de
1936 Hitler inauguró unos Juegos Olímpicos donde los deportistas
alemanes de origen judío tuvieron prohibido competir, será a partir de este
lunes, 70 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial y 50 años después
de la reanudación de relaciones diplomáticas entre Alemania e Israel, la sede
de los Juegos Macabeos europeos, una fiesta deportiva que reunirá a más de
2.000 deportistas judíos de toda Europa.
Para ofrecer al mundo una imagen amable de la dictadura,
cuando la capital de III Reich se preparaba para recibir los Juegos con la
presencia de Adolf Hitler en el gran estadio de la ciudad, las autoridades de
Berlín ordenaron prohibir la odiosa propaganda antisemita que había puesto en
marcha el régimen. Pero ningún medio oficial informó sobre otra medida que
afectó, por ejemplo a Bretel Bergamnn, campeona alemana de salto de altura, que
fue excluida del equipo alemán a causa de su origen judío.
79 años después de aquellos Juegos, el famoso estadio
olímpico, un magnifico monumento de piedra construido para demostrar al mundo
la superioridad de la raza aria, será ocupado por cientos de deportistas judíos
europeos, una fiesta que ya ha sido calificada por sus organizadores como los
“juegos de la reconciliación”.
“El evento tiene una fuerte significación histórica y
política”, defendió la canciller Angela Merkel cuando recibió a los
organizadores del evento que la visitaron para comunicarle que la ciudad había
sido elegida como su sede en 2015. “El estadio es el lugar donde los Juegos
Olímpicos fueron explotados por Hitler. Ahora tendremos en ese lugar un evento
deportivo judío como los Juegos Macabeos, que representan un hermoso mensaje de
tolerancia”, dijo el ministro del Interior, Thomas de Mazière.
La decisión de elegir a Berlín tiene una enorme importancia
para la ciudad y un país que sigue luchando contra la intolerancia, la
xenofobia y el antisemitismo. “Es una señal de reconciliación con la ciudad”,
dijo Alon Meyer, presidente de los Juegos Macabeos de Alemania. “Había muchas
personas que dijeron que nunca más en su vida pisarían suelo alemán. Pero ahora
hay una nueva generación y de la responsabilidad se resolvió hace mucho
tiempo”, explicó durante una reunión con periodistas extranjeros.
A pesar de la nueva relación que existe entre la comunidad
judía continental con Berlín y el apoyo de las autoridades alemanas para que la
fiesta deportiva culmine con éxito, la presencia de los deportistas judíos en
la capital alemana no está exenta de riesgos. Por razones de seguridad, todos
se alojarán en el hotel Estrel, un gigantesco edificio ubicado en el barrio de
Neukölln y no lejos de la mezquita Al Nur, un centro donde no es raro escuchar
prédicas en contra de Israel.
Para evitar incidentes, los deportistas recibieron la
recomendación de no caminar por el barrio, una zona conflictiva y habitada en
su mayoría por personas de origen árabe, y no hacer ostentación de su origen
judío.
La ceremonia de inauguración tendrá lugar el martes en la
Waldbühne, un centro cultural al aire libre que pertenece al complejo olímpico
y contará con la presencia del presidente de Alemania, Joachim Gauck.
EEUU Y CUBA REABREN SUS EMBAJADAS 54 AÑOS DESPUÉS
| APERTURA DE LA EMBAJADA CUBANA EN WASHINGTON |
La orden de romper relaciones diplomáticas y cerrar las respectivas embajadas en Washington y La Habana llegó el 3 de enero de 1961 con el deseo expreso, al menos de la parte norteamericana, de que la situación se solucionara pronto. “Es mi esperanza y mi convicción de que en un futuro no demasiado distante será posible volver a encontrar el reflejo de nuestra histórica amistad en relaciones normales de todo tipo”, dijo el presidente estadounidense Dwight Eisenhower al anunciar que había decidido cortar los lazos políticos con el Gobierno del “dictador” Fidel Castro.
A las 00:01 de la madrugada de este lunes 20 de julio -pese a todas las diferencias, Washington y La Habana han seguido compartiendo huso horario- finalmente Cuba y Estados Unidos han dado ese paso largamente dilatado. Eso sí, han tenido que pasar 54 años, seis meses y 17 días, además de 11 presidentes estadounidenses (aunque solo dos cubanos, Fidel y Raúl Castro), para que se cumpliera la “esperanza” de Eisenhower.
La reapertura de embajadas es el gesto más simbólico de los seis meses de intensas negociaciones para iniciar el proceso de normalización de relaciones que siguieron al anuncio de los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, el 17 de diciembre, que habían decidido dar un giro radical a las relaciones hostiles que marcaron la política bilateral y regional del último medio siglo.
No es sin embargo el fin de un proceso que las dos partes han reconocido será largo y tortuoso. Tanto Washington como La Habana tienen una larga lista de reclamos y demandas -empezando por el fin del embargo estadounidense que exige Cuba o la mejora de la situación de derechos humanos que quiere ver EE UU- que prometen ocupar a sus más altos diplomáticos por un tiempo que nadie se atreve a precisar.
Pero las dos partes coinciden en que esta segunda fase de negociaciones será más fácil con el restablecimiento de relaciones diplomáticas ahora cumplido.
Llegar a este punto tampoco ha sido sencillo. La ruptura de relaciones, algo que se venía cocinando desde la llegada al poder de Fidel Castro en 1959, culminó con la demanda de Cuba de que la embajada estadounidense en La Habana limitara el número de personal a 11, el mismo número que tenía la legación diplomática cubana en Washington. En el telegrama urgente que envió el entonces encargado de negocios estadounidense en Cuba al Departamento de Estado, Daniel Braddock, informando de la maniobra cubana, el diplomático citaba a Castro diciendo que “el 90 % de los funcionarios son, de todos modos, espías”. Braddock opinaba que la embajada de EE UU no podía continuar funcionando de manera efectiva con tan poco personal y recomendaba la ruptura de relaciones que acabó aprobando Eisenhower.
El número de personal diplomático, su capacidad de movimiento y sus actividades han vuelto a ser uno de los puntos más difíciles de la negociación para la reapertura de embajadas medio siglo más tarde.Pese a las restricciones impuestas, la Sección de Intereses de EE UU en Cuba ha sido desde su apertura en 1977 -bajo el presidente demócrata Jimmy Carter- una de las legaciones diplomáticas más grandes de la isla, con un personal que ronda los 300 funcionarios, 50 de ellos diplomáticos estadounidenses. El personal diplomático cubano en Washington no llega a la decena. Tras las cuatro rondas de negociaciones de alto nivel celebradas en las dos capitales desde enero, se llegó a un acuerdo que Washington ha declarado “satisfactorio”. La principal demanda norteamericana era que su personal diplomático pudiera moverse más allá de La Habana para contactar con la población cubana sin necesidad de solicitar cada vez un permiso a las autoridades cubanas (los cubanos tenían que hacer lo mismo para salir de Washington). Finalmente, los diplomáticos solo deberán “notificar” sus salidas, algo con lo que EE UU dice poder vivir y que compara a la situación con otros países con los que mantiene relaciones diplomáticas pese a profundas diferencias políticas.
Aunque tanto la hasta ahora Sección de Intereses de EE UU en La Habana como su par cubana en Washington son ya, desde este lunes, “embajadas” a pleno rendimiento y funcionamiento, la ceremonia oficial de apertura solo tendrá lugar en la legación diplomática cubana en la capital estadounidens. Washington todavía no ha fijado la fecha para su celebración, también al más alto nivel diplomático, en su embajada situada en pleno Malecón de La Habana.
El ministro de Relaciones Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, hará un poco más de historia este lunes al convertirse en el primer canciller de la isla que visita oficialmente Washington desde 1959. Participará junto a una gran delegación -hay 500 invitados- en la ceremonia de izada de bandera ante la fachada cubana, donde además desvelará el cartel -escondido los últimos días tras una cortinilla roja- que por fin identifica a la legación como “embajada”. Después, Rodríguez se reunirá con su par estadounidense, el secretario de Estado John Kerry, en el Departamento de Estado, otro hito en el proceso de restablecimiento de relaciones. En ese edificio estará ya también desplegada, por primera vez desde 1961, una bandera cubana junto con todas las demás de los países con los que EE UU mantiene relaciones diplomáticas.
FUENTE: EL PAÍS, 20 JULIO 2015
TRIBUNAL SUPREMO ESTADOS UNIDOS: CÓMO NUEVE JUECES VITALICIOS HAN MODELADO LA SOCIEDAD DE ESTADOS UNIDOS
Los nueve jueces del Tribunal Supremo, designados por el
presidente de Estados Unidos y ratificados por el Senado, ostentan cargos
vitalicios. Su influencia es con frecuencia mayor que la del presidente. Sus
decisiones son inapelables, nadie puede despedirlos, no rinden cuentas.
¿Antidemocrático? No. Casi siempre, el tribunal ha mantenido la sintonía con la
opinión mayoritaria de los ciudadanos. Los jueces, escribió el politólogo
Robert McCloskey en su clásico The American Supreme Court (El
Tribunal Supremo americano, 1960), “rara vez se han apartado demasiado de la
corriente principal de la vida americana, y rara vez han sobreestimado sus
propios recursos”. Así modelaron los jueces la sociedad estadounidense:
A FAVOR DE LA ESCLAVITUD. Posiblemente Dred Scott vs.
Sandford, de 1857, sea la decisión más vergonzosa de la historia del Tribunal
Supremo. Los jueces dictaminaron que los esclavos no eran ciudadanos y que el
Congreso no podía prohibir la esclavitud en los nuevos territorios de EE UU.
Cuatro años después estalló la Guerra Civil.
INTEGRACIÓN EN LAS ESCUELAS. La decisión Brown vs.
Consejo educativo de Topeka, en 1954, ilegalizó la segregación racial en las
escuelas. La base legal, como en la decisión que este viernes legalizó el
matrimonio homosexual, es la Enmienda 14 de la Constitución, que garantiza la
igualdad ante la ley.
MATRIMONIO INTERRACIAL. Mildred Jeter, una mujer
blanca, y Richard Loving, un hombre negro, fueron detenidos varias veces por
violar las leyes que prohibían los matrimonios entre distintas razas. En el
caso Loving vs. Virginia, de 1967, los jueces dictaminaron que estas
prohibiciones en varios estados eran inconstitucionales.
ABORTO LEGAL. La decisión sobre el caso Roe vs. Wade,
en 1973, reconoció el derecho al aborto en todo el país, pero más de cuatro
décadas después el debate sigue abierto y las divisiones entre progresistas y
conservadores persisten.
RECUENTO EN FLORIDA. En el caso Bush vs. Gore, el
Tribunal Supremo frenó el recuento en Florida, el estado que debía decidir las
reñidas elecciones presidenciales de 2000. La consecuencia fue la victoria del
republicano George W. Bush ante su rival demócrata, Al Gore.
FINANCIACIÓN ELECTORAL. En el caso Citizens United vs.
FEC, de 2010, el Tribunal Supremo abrió la puerta a la financiación sin límites
de campañas políticas. La decisión enfrentó a los jueces con el presidente
Barack Obama.
REFORMA SANITARIA. En dos sentencias, en 2012 y 2015,
el Tribunal Supremo ha avalado la reforma sanitaria, el proyecto central de la
reforma sanitaria de Obama. El Supremo, adversario hace unos años, se ha
convertido en su gran aliado.
FUENTE. EL PAÍS 27 JUNIO 2015
70 ANIVERSARIO FINAL II GUERRA MUNDIAL: ALEMANIA CONMEMORA SU LIBERACIÓN DE LA TIRANÍA NAZI
| La canciller Angela Merkel, con otros participantes en la conmemoración del 70 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial en el Bundestag. / ODD ANDERSEN (AFP) |
Alemania conmemora hoy viernes el 70 aniversario de su
liberación de la tiranía nazi. Setenta años después de que la Wehrmacht
firmara la capitulación incondicional ante el Ejército Rojo —un día antes ya lo
había hecho en la ciudad francesa de Reims ante británicos y estadounidenses—,
el Parlamento alemán ha recordado el día en el que se vino abajo el régimen
creado por Adolf Hitler. “En la historia de Alemania no hay una censura tan
grande como la del día que hoy recordamos, el 8 de mayo de 1945”, comenzó el
historiador Heinrich August Winkler, el encargado del discurso principal de la jornada
en el Bundestag, la Cámara Baja del Parlamento.
Ha sido un largo camino el que ha recorrido Alemania hasta
aceptar que lo que ocurrió hace 70 años fue una “liberación”, más que una
derrota. Un paso importante lo dio en el 40 aniversario del fin de la Segunda
Guerra Mundial el entonces presidente federal, Richard
von Weizsäcker. En un famosísimo discurso, el antiguo presidente,fallecido
el pasado el pasado mes de febrero, dijo que el 8 de mayo fue “el día en el
que se nos liberó a todos de la tiranía nazi”.
En el Bundestag se han vuelto a recordar el viernes las
palabras de Von Weizsäcker, que en ese mismo discurso dijo también: “El 8 de
mayo no es para nosotros los alemanes un día para celebrar”. El presidente del
Bundestag, Norbert Lambert, se refirió también a la frase del expresidente,
pero la reformuló para matizar que la liberación de la que hoy se conmemoran
los 70 años fue “para todo el continente, pero no fue un día de la autoliberación
alemana”.
Ante toda la élite política del país —incluidos el
presidente Joachim Gauck y la canciller Angela Merkel—, Winkler hizo
un recorrido por las atrocidades cometidas por el régimen nazi. “Ante estos
acontecimientos no se puede poner un punto final”, dijo entre los aplausos de
los diputados y de los supervivientes invitados en la ceremonia.
El historiador estableció cuál debe de ser la
responsabilidad de las nuevas generaciones de alemanes ante su historia. “Nadie
espera que los nacidos después de la guerra se sientan culpables por hechos
cometidos por los alemanes en nombre de Alemania mucho antes de su nacimiento”,
aseguró. Pero el autor de El largo camino hacia el oeste considera
que las nuevas generaciones deben mantener el deseo de conocer lo que pasó como
acto de responsabilidad frente a su país. Y esta regla vale tanto para aquellos
con padres y abuelos alemanes como para los recién llegados al país.
La conmemoración de los 70 años del fin de la guerra ha
servido no solo para que los alemanes recuerden el capítulo más oscuro de su
historia. También ha puesto
de relieve las diferencias entre Occidente y el Kremlin. A la
conmemoración militar que mañana se celebrará en la Plaza Roja de Moscú —Rusia
conmemora el fin de la guerra el 9 de mayo, porque la capitulación se firmó de
madrugada y en Moscú ya había comenzado el nuevo día— no asistirán ni los
líderes de las potencias aliadas que con la Unión Soviética ganaron la guerra
ni la canciller alemana.
Merkel rechazó acudir a la marcha militar en Moscú para que
no se interpretara como un gesto de apoyo al presidente Vladímir Putin y una
falta de tacto frente al Gobierno de Ucrania. Pero, en un fino gesto
diplomático, la líder alemana sí estará el 9 en Moscú para colocar flores junto
a Putín ante el monumento al soldado soviético caído. Quiere demostrar así su
respeto ante el sufrimiento de los soviéticos durante la guerra y la
responsabilidad alemana en la tragedia bélica.
GRECIA AÚN ESPERA QUE ALEMANIA PAGUE LAS REPARACIONES DE GUERRA
| Un muro con los nombres de los ejecutados en Distomo. / Afp |
Setenta años después de la II Guerra Mundial, Atenas cifra
en 278.700 millones de euros la suma que le debe Alemania por los estragos de
la ocupación nazi de Grecia
Loukas Sehremelis tenía solo 12 años cuando las fuerzas
nazis irrumpieron en su casa en el pueblo griego de Distomo el 10 de junio de
1944, disparando y matando de forma indiscriminada. "Un corpulento soldado
alemán entró en casa por la ventana y disparó una vez al aire antes de vaciar
el cargador de su pistola automática. Mi hermano y dos mujeres murieron",
explica Sehremelis, que hoy tiene 83 años, sentado en la misma sala de estar
donde asesinaron a sus familiares.
Distomo se ha convertido en el símbolo de las atrocidades
cometidas por los nazis que abandonaban Grecia tras cuatro años de ocupación,
justo después del desembarco de los aliados en la región francesa de Normandía
que culminó con la liberación de Europa occidental. Esta semana, Atenas cifró
en 278.700 millones de euros la suma que le debe Alemania por los estragos de
la ocupación nazi de Grecia durante la Segunda Guerra Mundial. Casi 71 años
después, Loukas Sehremelis habla con tranquilidad pero también con amargura.
"Mi madre resultó herida, y sus padres y su hermano también fueron
ejecutados por otro soldado", continúa el anciano, con ojos llorosos.
Una cuarta parte de la población de Distomo, 218 personas
entre ellos medio centenar de niños, "fueron destripados,
despedazados", señala el vicealcalde de la localidad Loukas Zissis, de 54
años, cuyo abuelo y cuyo tío también fueron asesinados.La masacre sigue
atormentando a este pueblo de montaña del centro de Grecia, a unos 200
kilómetros de Atenas, entonces un lugar estratégico de la resistencia griega
contra los nazis. "Un crimen contra la Humanidad", dice Zissis,
cometido por la división Edelweiss de las SS comandadas por Fritz Lautenbach y
Hans Zampel. El primero nunca fue detenido y el segundo fue absuelto tras haber
sido extraditado por Grecia a Alemania.
"Se ha contado o escrito todo esto mil veces, ya no
esperamos nada", se resigna Sehremelis, uno de los 280 vecinos de Distomo
que exige una indemnización en virtud de un fallo judicial griego de 1997 que
condenó a Alemania a pagarles 28,6 millones de euros. Pero este juicio quedó en
papel mojado puesto que su aplicación requiere la firma del ministro griego de
Justicia y hasta ahora ninguno se ha atrevido.
"Estoy desesperado e indignado, estamos decepcionados
porque los sucesivos gobiernos griegos han utilizado Distomo como argumento
político pero no han hecho nada para que avanzaran las cosas", dice Yorgos
Balagouras, de 54 años, cuyos abuelos y tío figuran entre las víctimas.
"¿Que nos pueden dar después de todos estos años? Lo que es importante es
que no volvamos a sufrir esta barbarie", insiste Sehremelis.
Una obligación moral
Pero para Angelos Kastritis, de 80 años, que perdió a su
madre y a sus abuelos, "los alemanes tienen que pagar, es una obligación
moral [...] la generación actual en Alemania debe saber lo que hicieron sus
abuelos". Tiene fe en el nuevo gobierno de izquierda radical de Alexis
Tsipras, que volvió a poner sobre la mesa la cuestión de las reparaciones de
guerra, haciendo "todo lo que los otros gobiernos griegos no hicieron
antes". Grecia ha sido hasta ahora mal indemnizada en comparación con
"el Reino Unido, Francia o Estados Unidos, que se beneficiaron de la
mayoría de los pagos", afirma por su parte el economista Giorgos
Papalexiou. Para Loukas Zissis, "el que ha cometido un crimen tiene que
pagar".
Tsipras, que busca una reducción de la deuda griega, sacó el
tema durante una reciente reunión en Berlín con la canciller alemana Angela
Merkel, pero para Alemania "el caso está cerrado" debido a una
decisión de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya que en 2012
cerró la puerta a que los países pudieran pedirle reparaciones de guerra.
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