PRIMERA GUERRA MUNDIAL (Hew Strachan)

CAPÍTULO 1. A LAS ARMAS
En este primer capítulo, se presenta el conflicto desde sus consecuencias que vivimos hoy, para luego, examinar los orígenes y las causas del conflicto hasta la declaración de guerra del Imperio Austro-húngaro a Serbia, que terminaría por desencadenar el Sistema de Alianzas de Bismark.




CAPÍTULO 2. A LA SOMBRA DEL ÁGUILA
Los primeros meses de guerra en el Frente Occidental fueron muy activos, rápidos y peligrosos. Las bajas fueron más elevadas en este frente que en las posteriores trincheras de guerra. Los Aliados detuvieron el avance de los alemanes en la Batalla de Marne, forzando su retirada hasta las montañas, donde se atrincheraron. Los Aliados les siguieron de cerca. El resultado fue una línea de trincheras que se extendía desde el Canal de la Mancha hasta Suiza. En esos momentos, 11 millones de franceses y belgas estaban bajo la ocupación. La brutalidad de los alemanes no era ningún mito. La resistencia fue reprimida sin piedad. Civiles, incluyendo mujeres y niños, fueron usados como escudos humanos, enviados a campos de concentración como prisioneros y en ellos, obligados a realizar trabajos forzados.




CAPÍTULO 3. GUERRA GLOBAL
La guerra para Europa, suponía guerra para el mundo. Alemania apostaba que Inglaterra arriesgaría todo -incluso la victoria en el Frente Occidental- para defender su Imperio. Es por ello que, para dividir sus fuerzas, los comandantes alemanes guiaron a los ingleses en un "baile" por todo el Océano Pacífico, África y Oriente Medio. Hombres como el Almirante Grav von Spee, que inflingió a Inglaterra su mayor derrota naval desde hacía 250 años, se convirtieron en leyendas en Alemania... y también en Inglaterra.
La Guerra Mundial provocó que muchos africanos, chinos e indios fueran a Europa para servir en Francia. Mientras tanto, la guerra en África explotó a su gente y dejó tras de sí una tierra devastada, aunque también plantó las semillas para su autodeterminación.




CAPÍTULO 4. "EN NOMBRE DE DIOS"
El Imperio Otomano era el enfermo de Europa. İsmail Enver (o Enver Pasha), oficial otomano y líder de la Revolución de los Jóvenes Turcos; no era creyente fanático del Islam, pero estaba de acuerdo con la idea del Imperio Alemán de una Yihad por simple oportunismo. 
Probablemente influido por las unificaciones alemana e italiana, Enver se declaró pronto un defensor del Panturquismo, consistente en la unificación de todos los pueblos túrquicos, ya fuera en un único Estado bajo la Dinastía Otomana o en una federación política, creando un nuevo imperio.

El 24 de octubre de 1914, Enver se nombró a sí mismo ViceGeneralísimo y se convirtió en el único dictador de facto del Imperio otomano. Una semana después ordenó que todos los hombres del Imperio en edad de portar armas se presentasen en las oficinas de reclutamiento, declaró la guerra a los aliados y bombardeó la ciudad de Odessa en una operación conjunta de las flotas turca y alemana. Sin embargo, la decisión de entrar en la guerra de forma tan precipitada se mostró pronto muy poco acertada, pues las oficinas no daban abasto y el reclutamiento de tropas se retrasó durante días. Al mismo tiempo, la falta de mano de obra en los campos causó la ruina de la cosecha de ese año.
Enver retornó a Constantinopla, donde tomó el mando de las tropas estacionadas en torno a la capital. El 18 de marzo de 1915 los franceses y los británicos lanzaron un ataque sobre los Dardanelos con la intención de capturar la propia capital otomana y forzar a los turcos a pedir la paz. Tan pronto como comenzó la ofensiva, Enver, sintiéndose incapacitado para hacer frente a ella, dejó el mando de sus tropas en manos de von Sanders, que esta vez consiguió una victoria decisiva en la Batalla de Galípoli.
Enver demostró ser un Ministro de Guerra poco capaz. Los turcos tuvieron que delegar el mando de sus tropas en oficiales alemanes. Tras nuevas derrotas a manos de los británicos en Palestina y Mesopotamia, Enver trató de lograr al menos una victoria contundente en el Cáucaso, lanzando el ejército sobre los rusos (en nombre del Islam), comenzando con el Genocidio Armenio




CAPÍTULO 5. ALIANZA MORTAL
En la entrevista de los altos mando militares en el Tirol, en 1916, el Archiduque Federico esperaba que estuviera el Kaiser alemán, pero en su lugar estaba un general... La guerra había expuesto sus diferencias, no los había unido. 
La alianza entre Alemania y Austria-Hungría esta podrida hasta la médula: Alemania consideraba que el Imperio Austrohungaro estaba en ruinas, se preguntaba si debía anexionarlo al Reich alemán. Austria-Hungría encontraba a Alemania arrogante y dominante. Los generales austriacos llamaban a los alemanes: "Nuestros enemigos secretos"; a la vez que los austriacos enviavan, secretamente, negociadores de paz a los aliados. 
Pero no podían romper su pacto con Alemania; fueron las alianzas de ambos las que mantuvieron la guerra. 
El "Frente Oriental" era el conflicto en el corazón de la Primera Guerra Mundial: una lucha que acabo con los pueblos de la Europa oriental, mientras se ajustaban viejas cuentas y se forjaban nuevos odios... Un presagio de la Segunda Guerra Mundial.




CAPÍTULO 6. FIN DEL ASEDIO
En Septiembre de 1914 los Aliados habían detenido el avance alemán en el Marne. Ambos, se retiraron a tierras altas, cuyo resultado fue la construcción de 750 km. de trincheras y fortificaciones que se extendian desde el Canal de la Mancha hasta los Alpes.

Cuando se piensa en la Primera Guerra Mundial, se evoca en nuestra mente la imágen de las trincheras en el "frente occidental". Aunque hubo movilidad en los demás frentes, en el este y en África. 
Pero el 'Frente Occidental' estaba atascado en el barro, por lo qué el desafío fue buscar nuevas ideas, nuevas armas, un nuevo espíritu entre los hombres. Solo así se podía ganar la guerra.




CAPÍTULO 7. EL BLOQUEO
En agosto de 1914 las marinas británica y alemana se prepararon para la guerra, pero las dos flotas se enfrentaron en raras ocasiones, desarrollandose una guerra más sigilosa, una guerra no contra buques, sino contra la población.
Gran Bretaña y Alemania se disputaban el Mar del Norte. Gran Bretaña le había cerrado el paso por este pero no podía enfrentarse a la flota alemana a menos que la sacara de sus puertos.
La marina alemana creía que un golpe rápido con los submarinos podía desequilibrar la balanza a su favor; una guerra con golpes rápidos y sin reglas torpedeando buques navales, y luego, cuando se complicó la situación, mercantes.
Tras el hundimiento del Lusitania por parte de la marina alemana, los británicos alentaron la indignación mediante la propaganda. La embajada alemana en Washington recibió amenazas, y el presidente Wilson empezó a considerar a Alemania como enemigo. 
La guerra era mala para los negocios, Wilson mantuvo separado de la guerra a EE.UU. 
La política alemana en EE.UU. era muy compleja: no la atacaba, pero ejercía el espionaje y el sabotaje. 
Pero nada se interponía en los negocios de la Bolsa de Nueva York; cuando perdía Alemania, ganaban las acciones de los aliados, cuando perdía Gran Bretaña, subían las acciones alemanas. Los inversores norteamericanos apostaban a la guerra, mientras que el Primer Ministro británico, David Lloyd George, había una conexión entre la guerra y la banca: "El éxito significa crédito, los financieros no dudan en prestar a una empresa próspera", decía. 
Francia y Rusia financiaban la guerra pidiendo prestado a Gran Bretaña; y ésta, a su vez, ganaba dinero en la bolsa a través de su banquero en Wall Street, J. P. Morgan, y se lo gastaba comprando armamento y provisiones a EE. UU. De todo el dinero ganado en norteamérica, el 99% era para los aliados; lo que hacía poner en duda la neutralidad estadounidense para los alemanes. EE.UU. había prestado tanto dinero que la Reserva Federal advertía que si los aliados perdían la guerra, los inversores no recuperarían su dinero.
Durante tres años EE.UU. había sido el banquero de Gran Bretaña. Desde 1917, luchó en una cruzada por la justicia y la democracia. El Mar del Norte se convirtió en el "mar muerto", seguría así hasta el fin de la guerra. Los alemanes se fijaron la taréa desesperada de ganar la guerra antes de la llegada de los estadounidenses a Europa.
La cruzada liberal del presidente Wilson se enfrentaría a nuevas ideas: socialismo y revolución.




CAPÍTULO 8. LA REVOLUCIÓN





CAPÍTULO 9. ÚLTIMA OFENSIVA ALEMANA





CAPÍTULO 10. "GUERRA SIN FIN"